Me cae bien el bebé de Bescansa

GRA094. MADRID, 13/01/2016.- La diputada de Podemos Carolina Bescansa llega con su bebé al hemiciclo del Congreso donde hoy se celebra la constitución de las nuevas Cortes Generales emanadas de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, que supone la apertura de la XI Legislatura. EFE/Sergio Barrenechea

Hay un bebé en el congreso. Es noticia. Internet arde y a mi me salen los unicornios rosa por las orejas. Feliz. Porque si ella lleva al bebé, yo en la próximas reuniones con clientes/proveedores/colaboradores, llevaré a mi bebé futuro, bien porteado y nadie se va a sorprender. Porque eso lo han visto.

Esto es como cuando se protestaba de mujeres en las universidades, y luego de mujeres médico, ingenieras… Bueno, todo eso. La primera es noticia. Pero traen la normalidad. Llevo años esperando esa normalidad. Que nos inunde por favor.

Las empresarias, emprendedoras-semilla sabemos eso de trabajar con el bebé a la teta desde el escritorio de casa. De cambiar pañales entre email y email. Pero no molestamos, porque estamos en casa muchas de nosotras.

Yo he llevado a mi hijo a reuniones. Siempre que podía. Me encantaba y me encanta. Con la edad es más difícil.

Estoy cansada de la fobia a los niños. Los niños existen. No son invisibles. Tienen que estar en todas partes.

“Hola, soy Eva, y soy madre de Gabriel. Y además de eso bloguera, emprendedora, y espartana a ratos. Y no me gusta definirme por mi estado civil.”

Niños visibles. Por todas partes. ¿Que os molesta? El problema es vuestro. Ya lo normalizaréis.

Ha conseguido devolvernos el poder sin necesitar un solo voto. Ahora tenemos que recoger la pelota.

Olé su coño.

Lo que descubrí este año y me marcó profundamente.

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Este 2015 lo ha marcado de manera clara mis uniones, mis miedos y mi remontada.

Este año he sentido una lucha constante contra mí y conmigo misma, en un entorno extremadamente duro, incierto y complejo. Áspero en lo emocional, con el que finalmente me he sentido tremendamente poderosa.

Nadie apostó por mí. Nadie creyó en mí. Nadie creía en mi capacidad de salir del mismo infierno que se convirtió mi vida a finales del 2014. Mis apoyos, eran a menudo débiles, desequilibrados, confusos o peligrosos.

Confía, me repetía constante, yo… y quien vibraba conmigo. Gracias porque era el único pilar que me sostenía en pie.

Me dijeron que hay cosas que no se superan. Me dijeron que tendría que resignarme para siempre a hacer cosas que no me gustaban para poder seguir adelante. Me dijeron que me comporté como una mala madre. Me dijeron que no era ni sería una buena compañera de vida. Me dijeron que nunca tendría lo que creía merecer, porque quizás no lo merecía. Me decían a menudo, que me equivocaba. Que me equivocaba mucho o que me equivocaba siempre. Que era una idealista y una soñadora, como si lo contrario fuera más sano. Que era una desagradecida. Que lo que había conseguido ni siquiera lo merecía. Que había conseguido tener éxito por casualidad y no porque trabajaba día y noche. Me lo decían mucho. Y lo decían en serio. Era lo que estas personas creían.

Mi ira y mi sentimiento de aislamiento me hacían sentir mal. Navegué entre mis traumas, mis heridas, mi sangre y mis tinieblas. Lo peor de mí se apoderaba de mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones.

Y decidí que se acabó. Que yo, por mí misma, iba a recuperar lo que sí creía que merecía.

Descubrí a mis mujeres dentro de mí, con la delicada presencia de Matilde a principio de verano.  Descubrí mi útero palpitar. Eso rompió con un ciclo que estaba alienándome de mi vida. Retorne a mi vida, la de verdad.

Reconocí que la confianza se me había roto. Tenía que recuperarla. Ahora. Ya. Retornarla. Multiplicarla. Atraparla. Que se apoderara de mí.

No fue fácil porque me sentía sola en el abismo. Mis apoyos siempre resultaban resbaladizos, quebradizos, desequilibrados o simplemente peligrosos.

Así que aprendí a ser mi guía, mi testigo, mi consejera y mi luz. Y como decía Sócrates, encontré mis respuestas dentro de mí con personas y lecturas que tenían las preguntas adecuadas.

A mitades de verano me quebré de nuevo, pero tomé mi primera gran decisión, no dejar que nadie interfiriera en mi vida sin mi permiso. Cada cual tenía derecho a hacer con su vida lo que quisiera, y ello no me iba a amargar la existencia. Simplemente no estaría.

Después tomé otra decisión importante: no aceptar los consejos de quien no cargara con las consecuencias de los mismos.

Y me di cuenta de algo muy importante: para confiar en mí debía aprender a desconfiar de los demás.

Así que me reconocí a mí: sola, desnuda y expuesta ante el mundo. Poderosa. La experiencia y los conocimientos se habían transformado en sabiduría. Me sentí libre y liberada. Y a mis mujeres dentro de mí, por primera vez, al mando de mi vida.

Las despensas de mi confianza comenzaban a llenarse. Aprendí que la paciencia era la infinita esencia de la esperanza. Y que tenía que tener en mí una confianza máxima. Comencé a escribir en soledad sin publicar, un material muy valioso.

Aprendí a fluir en la vida sin esperar a que se detuviera.

Mi voz interior se construyó llena de críticas, aspirando a la perfección, con sensación de abandono y falta de afecto. Ahora mi mujer adulta, mi madre interna, manejaba con soltura esos diálogos internos.

Y entonces lo vi claro: Tengo un cuerpo que es más funcional que objeto. Tengo un intelecto que es más don que incordio.

He tenido que alejar a mucha gente y muchos han elegido alejarse de mí. He tenido que conformarme con estar fuera de mi propio círculo de seguridad. Pero he creído necesario revisar mis esquemas y mis creencias con respecto a los que me rodeaba. He tenido que elegirme a mí y sé que he hecho bien.

Este año es también el que me perdoné. Y con ello la culpa desapareció. Sin culpa es más fácil seguir adelante y construir nuevos paradigmas.

Y quiero reflexionar sobre una persona muy importante para mí este año. Mi pareja ha estado todos estos meses en mi vida con presencia consciente. A ratos le he pedido demasiado. Le he pedido que se aleje, que se acerque, que permanezca, que se libere, que se crezca, que se achique, que me deje, que se quede, que me abrace, que me suelte, que se eche a un lado, que me guíe… Le pedí que me dejara sola y permaneciera a mi lado al mismo tiempo. Me acompaña dentro de mis contradicciones, de mis miedos, con profundidad y con presencia.

Se produjo un cambio alquímico en nuestra relación y como individuos. Una unión más tántrica y alquímica que romántica. Y sentí que el amor que se me agarraba al estómago. Sentí la unión. Sentí que sí.

Este año leído mucho. Más de cien libros. Porque necesitaba respuestas, y encontré más preguntas. Podría decir que mi pensamiento, hoy, es infinitamente más profundo y mi conocimiento del ser humano mucho más íntegro y minucioso. Más hondo.

Otro fenómeno extraordinario de este año es que se ha multiplicado el tiempo. Parecían eternizarse las horas, los días, las semanas y los meses. Mi noción del tiempo se ha transformado y ahora pasa tan lento como cuando era una niña.

También he sido mejor madre de lo que nunca fui. Supe por primera vez desprenderme de mi piel de niña, para meterme en la de madre. Sentí la necesidad real después de muchos años, de tener más hijos. Sentí palpitar mi útero.

Vibro completamente diferente. Me confieso abiertamente espiritual y profunda. Estoy enfocada y paso poco tiempo distraída.

Para este próximo año me espera un año muy duro. En este he cerrado muchísimos ciclos de relaciones con el mundo y conmigo misma. Estoy preparada para abrirme a nuevas relaciones, experiencias y conocimientos, más profundos y que me aúpen más alto.

Toca apretar fuerte. Toca trabajar muchísimas horas diarias en 2016 para recuperar todo lo que perdí en mi profesión y mi vida. Toca soportar y sufrir, respirar y apretar, pero ahora estoy mucho más fuerte que toda mi vida. Las plantas de mis pies están completamente enraizadas al suelo. Ahora sí puedo crecer sin quebrarme.

Trabajar, trabajar y trabajar. No hay secretos ni trucos más allá del trabajo duro y el esfuerzo para salir adelante. HACER.

Ha sido el año de mis mujeres. De las que he tenido que alejarme y a las que he tenido que unirme. Ha sido el año del descubrimiento interno, de las sombras y la luz. Y del amor, el sexo, la amistad, las relaciones, los viajes y las uniones alquímicas.

Un año de lucha consciente y presente. Conmigo. Con ellas.

Hace un rato, leí en el blog de Mónica, que el 2016 será muy duro para nosotras. ¿Sabes qué? tendremos que luchar como leonas, protegiendo a los nuestros de “ellos”, a lo nuestro de lo suyo, consiguiendo tener para el día y para provisionar. Pero me reconozco y te reconozco poderosa. A mí y a todas las valientes que no nos escondemos. Las que tiramos del carro.

Este año va a ser duro pero tendremos que aprender a apretar, sonreír y seguir. Apretar y seguir. Y seguir.

Trabajar, trabajar y trabajar. Y lo vamos a conseguir, seguro. Te lo prometo. Me lo prometo.

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Feliz Navidad y feliz 2016

 

 

Permite que transforme tu cuerpo. El poder de tu cuerpo.

eva gonzalez mariscal

Este es uno de los mejores artículos que he escrito. Si vas a leerlo, asegúrate de que tienes tiempo de leerlo bien. Es un artículo largo, pero lo he escrito de manera que puedas entenderlo. Además lo he estructurado por capítulos por si no puedes leerlo del tirón y quieres leerlo poco a poco. Lo importante es que puedas ser capaz de asimilarlo y aplicarlo a tu vida diaria.

Tengo claro que leer este artículo va a cambiar por completo la visión que tienes sobre tu cuerpo. Además estoy completamente segura que te va a cambiar para siempre si atiendes realmente lo que te digo y estás dispuesta a hacerlo.

Lo que te vas a encontrar en este artículo NO es una crítica a la sociedad, a la publicidad o a tus padres. Voy a apelar a tu autorresponsabilidad para que dejes de tener problemas con tu cuerpo a partir de hoy. Quiero decir con esto que la sociedad puede que te presione para que sigas unos estándares. Puede que la publicidad te sature con mensajes para que odies tu cuerpo. Y puede que tus padres no fueran el mejor ejemplo ni te ayudaran a valorar tu cuerpo.

Pero ¿sabes qué? Eres una persona adulta y responsable. La culpa deja de ser de tus padres, que eran tus adultos de referencia, porque ahora eres tú tu adulto de referencia. Puede que hayan sido los que han configurado tu voz interior. Es posible que ni siquiera supieras eso. Pero ahora eres tú el responsable de tu vida, de lo que crees, de lo que piensas y lo que sientes.

Es que si tú no te haces responsable de ti no lo hará nadie. A veces se necesitan generaciones para cambiar una sociedad y tú no tienes disponible ese tiempo así que debes cambiar tú. Puedes luchar por una publicidad más sana, porque las princesas de Disney no sigan estereotipos. Pero piensa esto ¿puedes cambiar todo eso y no puedes cambiarte tú?

MI ITINERARIO CORPORAL

Este primer capítulo va sobre mí. Puedes ir directamente al siguiente, porque en este capítulo voy a contarte mi itinerario y puede que no sea lo que te interese o no tengas tiempo de leerlo, así que puedes ir al siguiente directamente.

Mi blog ha estado muy influenciado por una obra que leí hace tiempo de Mari Luz Esteben llamado “Género, itinerarios corporales, identidad y cambio”. Curiosamente hasta ahora solo lo había usado como argumento para hablar sobre mí y con ello llegar a la catarsis con miles de mujeres, a través de mi experiencia personal. Sin embargo, hoy vengo a contarte sobre mi relación con mi cuerpo.

Durante la adolescencia me moví en la ambivalencia entre ser niño y niña. No me gustaban la mayoría de actividades de los chicas y quería hacer cosas de niño. Mi mejor amigo era un niño y mi padre, durante la infancia, mi figura de referencia.

A los trece años empecé a desarrollarme. Tenía unos pechos enormes que me avergonzaban y además, yo quería ser un niño. Usaba camisas anchas, hasta que eran evidentes.

Sin embargo entre los catorce y los dieciséis empecé a amar mi cuerpo extremadamente voluptuoso. Seguramente por lo que a los hombres les llamaba la atención.

De los dieciocho en adelante, hubo un momento en que me corté el pelo y empezó a no gustarme de nuevo mi cuerpo por llamar demasiado la atención. Aunque en realidad me hubiera gustado ser más atractiva, pero lo consideraba poco legante. Con una cien E de pecho, era imposible cumplir el canon estético en ese momento.

De los veintiuno a los veinticinco me gustaba de nuevo mi cuerpo. No tenía pudor en estar desnuda en intimidad o con chicos, sin embargo me resultaba incómodo con chicas pues lo que para ellos era bello, a ellas les acomplejaba. Yo creía realmente que ser más delgada, o más alta o con menos pecho estaría mejor. Muchas mujeres me decían que era así, aunque luego me confesaban que se sentían intimidadas.

A menudo sentía el rechazo de muchas mujeres por ser atractiva. Era realmente atractiva a esa edad. Sin embargo yo interpretaba ese rechazo como desprecio a mi cuerpo, como si me rechazaran precisamente por ser poco atractiva. No fue hasta años adelante que me di cuenta que pasaba lo contrario.

Con ello, y con ciertos comportamientos de mi pareja de entonces empecé a odiar mi cuerpo y a crearme ansiedad. Me refugié en el trabajo y en numerosos cursos, odie mi cuerpo, y abandoné cualquier actividad física. Gané veinte kilos, lo que consiguió que me acomplejara más.

A los veintisiete fui madre. Mi imagen que ahora veo, me parece horrible. Engordé más. Odiaba mi cuerpo. Odiaba las fotos. Me sentía mal en mí, y así pasé varios años en que me refugié en lo que mejor se me daba, el intelecto. Pero me faltaba algo.

Fue un tiempo después que me di cuenta que necesitaba mi cuerpo. No sólo porque mis apariciones en público se hacían frecuentes, porque había sido un éxito en Internet este blog y mi actividad profesional. Es que había creado una visión de mi cuerpo que no se correspondía con Internet.

Es muy fácil manejar tu imagen en una pantalla, con un tiro de cámara específico y unos filtros. Pero no servía de nada cuando me disponía a hablar ante muchas personas.

En ese rechazo a mi cuerpo empecé a sufrir alteraciones y alergías, unida a un deterioro de mi relación de pareja y es que pedí ayuda a Rebeca Cirujano, para mejorar mi alimentación. Realmente creí que moriría si no lo hacía de lo mal que me sentía. En ese momento mi bajada de peso, junto a mi mejora de salud fue brutal. Pero no me gustaba mi cuerpo.

Fue en el justo momento que mi pareja me dejó que recuperé mi autoestima. Me di cuenta que no me debía valorar con respecto a alguien sino a mí misma. Ya practicaba ejercicio y en cuanto mejoré de mi ruptura físicamente lo recuperé.
Tome conciencia de mi cuerpo como elemento potente, fuerte, activo, flexible y que me daba placer según me adentraba en el conocimiento del ego, la práctica de ejercicio y comenzaba a mantener relaciones con otras personas. Cuando recuperé por supuesto una vida sexual satisfactoria con otras personas.
Para cuando conocí a mi actual pareja mi cuerpo y yo éramos amigos. Sin embargo durante un taller de mujeres cíclicas tuve una gran caída. Me hice consciente de cuanto odiaba aún algunas características de mi cuerpo. Fue
durante una menstruación y con la ayuda de Matilde Cáceres, mi entrenadora en el tema de feminidad, salí consciente, pero con mucho respeto y poco a poco.

Y gracias a mi pareja y a ampliar mi visión en el mundo del deporte, ahora con más consciencia comprendí lo importante para la autoestima que es sentir tu cuerpo como tal, sudando, latiendo y respirando. Llevándolo a donde quiere si pide más y respetándolo si pide parar. Siempre respetando mi nivel, sin prisas y disfrutando de sentirlo vivo. Porque cuando sientes la fatiga subiendo, es que estás viva.

Me lancé del todo a superar el pudor entre playas nudistas, espejos y vestuarios donde contemplaba consciente la desnudez de cuerpos normales. No los que me mostraba la publicidad, sino lo que es normal. Me encontré a mí entre iguales. Entre la desnudez no erótica del cuerpo sin más.

Y entonces comprendí que tenía que procesarlo, escribirlo y lanzar al mundo esto que te traigo aquí.

Si controlas esto cambias y consigues lo que quieres.

El ego te distorsiona el pensamiento sobre lo que tú eres. Casi todos creemos que somos lo que pensamos, es decir, que somos aquello que nuestra cabeza piensa. Me contaba la psicóloga Almudena Lobato que el pensamiento no es la realidad, sino una representación. Que podemos pensar que “todo nos va mal” y no es la realidad.

Es imposible que todo te vaya mal. En un Universo infinito, con infinidad de planetas, entre ellos la Tierra. Con una tierra con miles de millones de personas, el universo no va a lanzarte a ti todo el mal del mundo.

Ese tipo de pensamiento catastrofista es una de las distorsiones cognitivas más comunes a las que nos enfrentamos, pero no la única, hay decenas de ellas. Las distorsiones cognitivas es un error que tenemos al procesar la información. Y siendo irónica, eso no es un chip que te ponen tus padres, ni la cultura, ni la sociedad, ni la publicidad. Eso es algo que puedes elegir cambiar tú ahora mismo. Ser realista de verdad con las cosas. Porque la realidad, como te he dicho, no es la representación que el pensamiento hace de lo que está pasando realmente.

Una de las distorsiones más comunes es la dicotómica o polarizante. Esa viene a crear pensamientos del tipo “todo el mundo me ve fea”, “nada me va a ir bien así”, “a todos los que somos así nos pasa esto”. No sería verdad nunca un pensamiento de este tipo.

Otro es la abstracción selectiva, por ejemplo, “con este aspecto no me darán trabajo”, quizás no es solo el aspecto lo que te preocupa. Ya veremos más adelante cómo podemos estar pagando con nuestro cuerpo, por ser físico, problemas que realemente son mentales. Es fácil echar la culpa al aspecto, en lugar de a los estudios que elegiste, que quizás no los necesite el mercado laboral. O quizás deberías con lo que tienes elegir otro camino. Pero de manera deliverada, te centras en un sólo aspecto.

No sé si lo ves, pero el cuerpo, es a veces tratado como un agente externo. Lo vemos, es físico, podemos echarle culpas como ente independiente de nosotros. Como si no fueramos nosotros. Como si el cuerpo fuera otra cosa.

Yo quiero que te hagas una pregunta cuando llegues a este punto en alguno de tus discursos internos ¿tienes absoluta certeza de que eso es así?

Ser crítico con el propio pensamiento, y darnos cuenta que es una característica del ego es parte fundamental en el proceso de sanar internamente.

Pero deja que siga contándote.

Otra de las características del ego es creer que somos lo que tenemos. Somos lo que vestimos, lo que calzamos, lo brillante que tenemos la piel, la clase social que aparentamos. Y si eres un cuerpo bonito, y lo pierdes, porque engordas, entonces ¿no eres tú?

Eso es lo que muchas mujeres sufren con la maternidad. Como ellas son su cuerpo, lo tienen porque no son ellas, el cuerpo es externo a ellas. Ellas “no son las mismas”. El ego nos dice que somos lo que tenemos. Si tenemos belleza y juventud, un cuerpo bonito, unas tetas firmes… Y perdemos lo que tenemos, entonces perdemos la identidad. Luego no somos nosotras.

Sí, eres tú, y seguirás siendo tú. Y tu cuerpo eres tú. No lo tienes. Lo eres. No lo habitas. No es tu templo. No es tu morada. Tú lo eres. Sólo pierdes tu cuerpo cuando mueres.

Por eso que creemos que si cambia el cuerpo hemos perdido lo que tenemos. Y si piensas que eres lo que tienes, al perder lo que tienes, pierdes tu identidad ¿Dónde reside tu identidad entonces?

La tercera trampa del ego es que somos lo que los demás piensan de nosotros. Si piensan que somos guapos, formará parte de nuestra identidad la belleza. Si piensan que somos buenos, formará parte de nuestra identidad. Por eso, si tu madre te dijo que comieras menos que estabas gorda, o los niños del colegio se reían de ti, aunque adelgaces, siempre serás gordo, hasta que destierres eso de tu mente.

Pero claro, entonces, depende de con quien estemos nuestra identidad cambia. Si estamos con una pareja que nos dice lo maravillosos que somos y nos alejamos de la madre que nos dice que somos desordenados, entonces estamos a salvo. Pero si somos responsables de nosotros, nuestra identidad no puede depender de lo que diga otros.

Sí, hasta que nos deshacemos del ego, somos lo que los demás piensan de nosotros. Puede que a unos los creamos más que a otros, pero hasta que no nos libremos de esa trampa del ego, nuestra identidad siempre estará en conflicto. Ya sea por la publicidad, la sociedad, el marido, el novio o la abuela.

No eres ni lo que piensas, ni lo que tienes, ni lo que dicen los demás que eres.

Conformas tu propia identidad como persona responsable.

 

Hazte responsable y deja de culpar

Ahora como una persona responsable tienes la capacidad de cambiar. De amarte dejándote ser lo que eres realmente y sorteando todas las trampas del ego.

Pero ahora vayamos a lo físico. Yo quiero que pienses ahora mismo con cuantas mujeres has estado desnuda en la misma habitación en los últimos años, sin fines sexuales. Teniéndolas ahí delante, de carne y hueso. Conversando con cuerpos desnudos en una ducha.

Excepto si practicas habitualmente deporte del tipo de natación, no habrás tenido esa oportunidad frecuentemente.
Párate aquí a pensar un momento. Si tú habitualmente no ves cuerpos desnudos de mujeres ¿cómo sabes lo que es realmente el cuerpo de una mujer?

Las deportistas con las que he tenido ocasión de hablar tienen una visión del cuerpo diferente, y yo me he quedado en el último año con algo que ha hecho cambiar mi percepción del mismo al cien por cien.

El cuerpo es poderoso y lo puedes sentir.

El cuerpo es parte de ti, no es algo externo.

Tienes que aprender, como me contó Almundena, sentirlo como algo funcional. A apreciar su funcionalidad. A sentir cómo es de fuerte, cómo de elástico, cómo de resistente, cómo de potente… Tanto tiempo sentadas en el sofá que se te olvidó que tu cuerpo es todo eso. No es un cúmulo de víceras y fluidos. No es objeto tuyo o de nadie.

Tu cuerpo es pura vida y esencia misma. NO es una residencia, ni morada, ni templo. NO es una propiedad. NO lo puedes tener. Tú eres tu cuerpo, tu vida.

Tienes un corazón que late. Cuando corres o te lanzas en una piscina o coges la bicicleta se disparan las pulsaciones y que convierte en la máquina potente que es. Es un ferrari cuando le pisas el acelerador y suena.
El cuerpo es esencia de vida y movimiento. Crece, se renueva, se alimenta. Se enraíza a la tierra y las manos como ramas pueden alcanzar el cielo.

Tú puedes sentir la sensibilidad de tu cuerpo acariciándote. Puedes sentir tus caricias y los de otros. El calor de un cuerpo sudando sobre el tuyo. Puedes sentir una lengua y distinguirla de los dedos. Un cuerpo sabio.

Puedes aprender a seguir o a parar. A respetar el cuerpo. A erotizar con él.

Yo practico tantra y sé lo que es usar el cuerpo en el sexo. Aprender a concentrarte en cada milímetro de tu cuerpo y guiar el placer de estímulo de donde se provocó a la coronilla.

El cuerpo está para vivirlo y usarlo. No para maquillarlo, ni vestirlo, ni para ponerlo más bonito.

CUANDO TÚ CAMBIAS DE ACTITUD, TU CUERPO CAMBIA SIN QUE PUEDAS EVITARLO

Lo mejor, es que con la mejora de la visión de lo que es tu cuerpo este cambia. Tu cuerpo no ha sido nunca algo ajeno ni algo estático. Tu actitud y tu pensamiento hacen a tu cuerpo. Pero entiende que tú eres tu cuerpo y es vehículo de todo un mundo terrenal y espiritual porque acerca todos los sentidos a ti y a través de ellos creces.

Tu cuerpo crece y se adapta a lo que necesitas. Y esa es la visión que la gente que no hace una actividad física no tiene. Tú entrenas tu cuerpo, pero en realidad tu cuerpo es el que cambia para adaptarse a lo que tú necesitas.

Yo quiero sentir mi corazón hoy fuerte. Quiero disfrutar de sentir como mi zona abdominal, mis hombros y mis piernas se fortalecen. Cómo mis pulmones, poderosos, consigue todo el oxígeno que mi cuerpo requiere.

Sé que cada mi cuerpo será más fuerte, más elástico, más sensible, porque lo nutro de todo eso. Porque se prepara para lo que necesito. Su potencia, su intensidad y su vida.

Mi cuerpo cada día lucha por no morirse. No lucha porque otros lo miren, sino para mantener mi consciencia con vida. Yo con mi actitud, con mi conciencia lo guío hacia lo que quiero. No lo abandono, porque soy mi cuerpo.

Quiero sentir mañana las gotas de lluvia en mi cara. El sol en mi espalda. El calor de un abrazo. La respiración y el latido de una carrera. Eso es mi cuerpo funcionando.

DESPERTANDO A LO SENSUAL

El arquetipo de la afrodita que todas llevamos dentro es terrenal. Tenemos barriga con capacidad elástica para engendrar hijos, tetas para alimentarlos y caderas para parirlos. Características latentes en la afrodita que es sensual con su cuerpo. Es fuente de deseo, pero sobre todo es la fuente de placer.

Cuando despertamos el cuerpo y lo amamos de manera funcional también despertamos a la afrodita. Muchas mujeres rechazan el sexo no sólo por su complejo sino que este se las come enteras. Dejan de ser sexuales.

Despertar a esa loba, esa salvaje, esa Diosa es despertar al cuerpo. Es el receptor del placer.

Y eres tú responsable de ese cuerpo. Tú responsable de tu Diosa, de tu loba, de tu salvaje.

Es normal que si no tienes cuerpo, o este sea tu estorbo, no lo ames ni lo consideres funcional, tu deseo sexual sea inexistente. Para volver a tu afrodita tú eres tu cuerpo . Tu cuerpo es vida. Tú tienes que despertarlo e integrarlo en ti.

Cuando amas tu cuerpo como algo que funciona, la afrodita despierta es consecuencia directa.

TU CUERPO CAMBIA

Pero como la afrodita tu cuerpo cambia y se adapta. Y curiosamente todo eso lo hace más atractivo a los demás. Y aunque ya no consideres que eres lo que los demás piensan de ti, la visión de un cuerpo más bonito para los demás, de un cuerpo despierto y en cambio para adaptarse, la afrodita despierta, todo eso impacta a los demás.

Es así que toda tú es más atractiva. El cuerpo cambia. No, nunca cumplirá estándares ni los necesitas, porque todo eso te llevará a lo que realmente tú quieres. Y lo que quieres no es un cuerpo mejor. Es amor y aceptación en tu tribu.

Quizás eras tú la que no te aceptabas. Pero cuando cambias tú todo cambia. Cuando entre tu entorno y tú no hay distorsiones cognitivas, tus relaciones cambian.

En serio, cuando tu presentas un cuerpo poderoso, fuerte, elástico, potente y lleno de vida, eso se nota. Se nota al andar, al sonreir, al bailar y al transmitir verbal o coporalmente. Todo eso eres tú y tu atractivo
¿No conoces a gente que sin tener un cuerpo perfecto te atrae de manera irremediable? Eso es lo que eres en esencia pura. Eso eres tú, tu esencia.

Te he dicho anteriormente todo lo que no eres. Con esto eres lo que sí eres.

¿Y SI LO QUE TE MOLESTA NO ES TU CUERPO?

Piensa por un momento. ¿Y si lo que te molesta no es tu cuerpo? Hablando con Almudena me hizo esa reflexión. En realidad el cuerpo es algo físico a echar la culpa y maltratar. Podemos echar la culpa de nuestro malestar interno, porque no somos nosotras, no lo tenemos integrado. Por otra parte podemos maltratarlo porque es físico. Maltratar la mente a consciencia es más complicado.

Con esto quiero decir que muchas veces es nuestro malestar interno por otras cosas lo que nos preocupa, pero el cuerpo es fácil de maltratar porque está ahí, físico. Nos pertenece. Podemos martirizarlo con dietas. Encerrarlo. Culparlo. No darle placer. Negarle abrazos de otras personas. Podemos hacerlo y castigarnos.

Puede haber insatisfacción y creencias de que no valemos en otros ámbitos y nos esforzamos en destacar en esto que es físico. Si de verdad creyeras que eres tú no te harías eso.

Trabaja tu interior para ser la persona que quieres ser. Quizás culta, decidida, amorosa, dulce, guerrera. Pero no la tomes con el cuerpo. Eres también tú.

CAMBIA. ES TU RESPONSABILIDAD

Yo te puedo asegurar que cambiar la visión de tu cuerpo lo cambia todo. Es como fumar, lo dejas y llega el día que ni te acuerdas de cómo fumabas. Te das cuenta de las ventajas que tiene amar al cuerpo y vivirlo en lugar de odiarlo y maltratarlo.

Yo te voy a dejar aquí abajo una serie de recomendaciones que a mí me han servido. Es valiente hacer esto, pero para mí ha sido una revelación, con consciencia.

Pero de verdad, merece tanto la pena que si no puedes andar sola el camino, que es simple. Busca ayuda con alguien que entienda exactamente el problema, ya sea en forma de guía, mentora, coach o psicóloga. Es la mejor inversión que puedes hacer en ti.

Asi vas a cambiar

Toma consciencia de tu corporeidad. Siente tu cuerpo con consciencia siempre que puedas, aunque sea andando.
Haz una actividad física de forma constante y consciente. Aprende a conocer los límites de tu cuerpo para saber cuando quieres más o cuando parar. No hay excusas. Yo te diría que una de las experiencias más concientes que he tenido ha sido en el agua. Pero también corriendo. Puedes ponerte vídeos de Yoga en Youtube y sentir tu elasticidad. No tienes excusa parar hacer cosas que lo hagan.

Pon tu cuerpo un poco al límite con frecuencia. Haz que el corazón lata y los pulmones luchen por oxigenarte.
Descálzate y trata de enraizarte al suelo, dobla un poco las rodillas y eleva tus manos arriba. Observa la fuerza de tu cuerpo unos segundos. Siente el cuerpo.

Respira profundo. Nuestros pulmones pueden albergar tres litro y apenas en las respiraciones llegamos al medio litro. Siente la respiración profunda con consciencia.

Involúcrate en el conocimiento de la sexualidad como instrumento para una mejor comunicación con tu cuerpo. Una sexualidad sana y consciente es algo que te cambiará la visión del cuerpo. Yo lo hago a través del tantra, pero no sólo a través de él. Obviamente un compañero involucrado en mi caso es muy satisfactorio pero no necesario. Prueba a aprender sobre amor sagrado o el tacto consciente. Eso sí, aprende de los mejores siempre.

Pierde el miedo al desnudo. Si estás en vestuarios desnúdate sin pudor o a pesar de él. Siente el poder de tu cuerpo. Míralo como normal. Mira otros cuerpos normales y disfruta de tener la experiencia que tantas mujeres han perdido de compartir la intimidad. No estamos juzgando ni nadie nos juzga. Somos nosotras. Mi cuerpo soy yo.
Desnúdate ante el espejo sin esperar nada. Respetando lo que sientes y tu cuerpo. Está dormido. No estás acostumbrada a verte. No te veas bien o mal. Guapa ni fea. Mírate sin juzgarte, porque tu cuerpo no es para ser juzgado.

No te juzgues. Esa es la aceptación. No juzgar. NO eres lo que piensas. Tú elijes que piensas y lo crees parte de tu identidad.

Crea tu identidad con pensamientos suaves, respetuosos, amables, dulces y amorosos con tu cuerpo. Toda tu vida has hecho lo contrario y no ha servido de nada. Por cierto, a menudo escribo artículos como estos en el blog, y a veces simplemente los envío por correo eletrónico. Si quieres que te los envíe puedes suscribirte aquí. Es gratis y ya son más de 5000 las que lo reciben.

Quiero dar las gracias para empezar, a mi hermana Ana, que ayuda siempre a ser mejor y a Alfonso porque es el que me ayuda a crecer. Por supuesto también a Almudena Lobato, Ana Mur , Matilde Cáceres, Liz Boo, Sole Andreu por su ayuda, sin vuestra ayuda este artículo no sería la mitad de lo que es. Y recomendar los blogs de Personas en Positivo de Almudena Lobato y El poder de mi útero de Matilde.

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