Cómo se consigue perder el miedo a la incertidumbre

Me preguntan cómo he perdido yo el miedo a la incertidumbre.

Hace años estaba completamente segura que mi vida sin una carrera universitaria o varias no tenía sentido. Me frustraba cada día que iba a estudiar y no veía motivos para hacerlo. Yo estudiaba empresariales pero no quería ser contable. Me gustaba la organización industrial y mis profesores decían que sin estudiar ingeniería sería imposible. Cualquier cosa que hiciera me llevaba de nuevo al punto de partida. Nada de lo que hacía tenía sentido, porque el futuro estaba por llegar y ni yo, ni mis profesores, ni mis padres sabían en qué iba a consistir ese futuro. Los mayores lo veían previsible. «Yo he pasado por eso» «Tú no has tenido 40 años pero yo si he tenido tus 20 años». Pero no era verdad. El futuro no era eso que ellos creían. No se iba a repetir el momento. Ni yo había vivido lo que ellos, ni ellos lo que yo. Pero a veces que otros decidan por ti lo que es correcto es más sencillo, porque así la responsabilidad de que algo salga mal recae sobre otro y no sobre ti. A menudo he escuchado decir a algunos que estudiaron tal porque lo querían sus padres y no son felices. Así de alguna forma responsabilizan a otros de su propia infelicidad.

Los 30 años no son los nuevos 20, cómo bien dice Meg Jay, Para quien no conozca a esta psicóloga, su teoría es  en breves líneas, que nuestra vida se define en la década de los veinte hasta aproximadamente los 35 años. Considera que es en esa época donde se toman las decisiones más importantes que afectarán a la vida futura. Que define tu profesión, tu pareja y la familia que vas a formar y que hay que tener las herramientas apropiadas para hacerlos. Dice que las decisiones que tomemos sobre esa época afectarán de manera determinante al resto de nuestra vida y puede que también a generaciones venideras. Esta teoría tienes más o menos encanto según la edad con la que la leas. Pero es cierto que es una época importante. 

Sin embargo en mi generación  nos encontramos con varias cosas muy importantes. La primera de ellas es la sensación de mucha gente de que las decisiones importantes se toman después, y no en ese momento. Mi generación posterga el momento de tomar la decisión posiblemente porque tiene miedo a la incertidumbre. Porque justo en estos años estamos en tiempos de incertidumbre. El miedo a esa incertidumbre donde no todo es tan previsible es lo que hace que no se tomen las decisiones correctas. Están demasiado acostumbrados a que otros tomen las decisiones por ellos. A hacer test para saber si son o no inteligentes, o que sus profesores marquen en qué son o no son buenos.

El miedo a incertidumbre es esa excusa que muchos nos ponemos para no hacer las cosas. La libertad tiene ese inconveniente, que cuando empiezas a ser tú quien decide, no tienes a nadie a quien echarle las culpas si algo sale mal. Eso es incómodo, el miedo a la incertidumbre es incómodo porque no tienes donde escudarte si las cosas no salen bien. Si nada te obliga, si nadie te manda, si no hay un test que te de la seguridad, solo quedas tú y el miedo a equivocarte.

Cuando alguien me pregunta ¿No tienes miedo a la incertidumbre? En realidad lo que quiere preguntarme es ¿no tienes miedo a equivocarte?

Sí, tengo miedo a equivocarme. Pero no hacer nada es la otra opción que tengo para equivocarme también. 

No solo elegir es una opción, no elegir es también una opción.

Recuerdo a un familiar allegado estando en fase terminal con una enfermedad terrible. Llegado al punto que llegó preguntaron los médicos a su único familiar directo, ¿ya sólo queda los cuidados paliativos y que muera más rápido o con menos dolor o bien llevarla a casa y que muera allí? Aún recuerdo a esa persona que nunca había sabido decidir diciendo que no podía decidir y al final llevándola a casa entre un sufrimiento completamente absurdo. 

Por eso sé que decidir es lo mismo que no decidir, es también una elección pero mucho más cobarde y con consecuencias que aún pueden ser peores.

Yo decido, yo me equivoco o acierto. Yo admito mi incapacidad para acertar siempre. Esa es la primera fase para curar ese miedo. Admitir que de un modo u otro siempre estamos decidiendo. El miedo es una ganancia evolutiva del ser humano. Es una emoción que nos nace de dentro y nos advierte de los peligros. No podemos vivir sin ella o seríamos vulnerables, pero tenemos que vivir con ella sin que nos controle a nosotros.

 

Si tú también has tenido miedo o te has puesto esa excusa, déjame un mensaje aquí en los comentarios.

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educación
Eva González Mariscal

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