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Mis límites y mis espacios como madre y madrastra en una familia reconstituida

Este artículo me resulta difícil de escribir. No pretendo dar lecciones de nada, sino ayudar con mi experiencia propia como madre y madrastra en una familia reconstituida a dar forma a algo que llamamos límites.

Desde hace cinco años convivo junto con mi hijo de 10 años fruto de una relación anterior, la hija de mi marido que está en primaria y nuestra niña en común de dos años. Dicho así suena a mucho número y en general, tenéis razón. Los primero están con nosotros compatiendo custodia y tratamos de organizarnos para llevar adelante una casa con tres niños la mitad de nuestros días.

Ayuda bastante a nosotros y a ellos tener las custodias prácticamente a la par. Pero no es del todo sencillo la crianza para darles estabilidad en este sentido. Pero en este artículo quiero hablaros un poco de cómo yo me siento en los diferentes roles de madre y de madrastra, y los límites tanto con mi marido como con los niños. Entiendo que cada familia es un mundo y que esta visión puede no ser compartida por todas las familias ensambladas, pero es como a mí me ha venido mejor vivir esta trancisión a familia numero con hijos de varias relaciones.

Para empezar lo que más curiosidad y suspicacias despierta siempre es mi rol de madrastra. O cómo he abordado la crianza compartida con ella. Para comenzar he de decir que yo ya venía con un niño «en la mochila». Es decir, que cuando tienes que entrar en el rol de madrastra siendo madre se afronta por lo que tengo visto, de manera significativamente diferente. Primero porque ya has tenido que trabajarte antes qué es en realidad para ti la maternidad. Tu amor enorme e incondicional a tu hijo te ha transformado de pies a cabeza y ya sabes que no hay amor más grande y leal que ese, excepto en ocasiones muy desagradables. Pero la realidad es que la maternidad ya pasó por mí y me transformó. Y una separación traumática también alteró el significado para mí de la maternidad y de la pareja. Por tanto la madrastridad se afronta desde una perspectiva muy diferente, y el ángulo desde el que la miras es muy distinto.

Yo llevo cinco años en mi familia y no es mi primera impresión. He madurado mucho mi visión, he vivido situaciones muy complejas y superado varias crisis típicas de este tipo de familias. Ahora ya sé, por ejemplo, que puedo hacerlo lo mejor que pueda, pero eso no va a impedir que los niños muestren lealtades especiales a sus padres. Es decir, que no es solo que no suplo el rol de madre en ninguna circunstancia, ni nunca se pretende. Los niños establecen una lealtad a sus progenitores, que requiera de mostrarse en épocas con hostilidad, como símbolo de pertenencia a sus familias. Esto puede desencadenar en problemas varios a nivel de familia. Y es una etapa por las que muchos niños pasan.

Pero cuando lo pasas te das cuenta que el rol de madrastra es algo que genera problemas siempre. Y ahí comienzas a madurar sobre tu papel y tus niveles de implicación con los niños de la casa.

Yo desde el principio tuve claro que mi hijo, era mi hijo. Y yo por tanto sería la que llevaría el 90% de su crianza y educación. Y viceversa en el caso de la hija de mi marido. Al margen que compartimos ciertas tareas como las comidas o llevadas al cole. Pero cuando se trata de criar, cada cual tiene responsabilidad con su propio hijo, y ambos con la niña que compartimos.

He podido comprobar que esto no es así en la mayoría de familias, donde uno de los miembros no es padre de ningún hijo. Supongo que al disponer de más tiempo, asumen más tareas. En algunos casos, sobre todo cuando se trata de mujeres sin hijos, que están con hombres con hijos, acaban asumiendo las tareas al 50% o más. Y en ocasiones da la impresión que eso mismo no lo hubieran permitido en el caso de haber tenido un hijo común, y hubieran exigido más igualdad. Aun así, parece que ellos pasan a repetir patrón del matrimonio anterior, con la nueva relación. Sin embargo, ella asume una carga en la crianza que no es suya. Y creo que tiene que ver con que se comparan con la anterior pareja, o quieren hacerlo muy bien. Acaban quemadas y cansadas, según van dándose cuenta que la relación acaba siendo abusiva, y que ese niño sigue teniendo una lealtad especial con su madre que casi sin excepción se mantendrá así hasta la adolescencia, y volverá como adultos.

Por tanto es un papel, el de madrastra, que no solo está socialmente muy denostado. Es que la realidad intrafamiliar te va a demostrar que es ingrato, sobre todo si no tienes los límites muy claros y los consideras importantes. Vamos, que no vas a mover un límite así como así.

En mi caso mi límite principal es que cada cual atiende a sus hijos. Se comparten ciertas tareas. Y hay un espacio para cada cual, donde se respeta siempre al otro, entendiendo que puedes o no considerarlo familia tuya, pero le debes un respeto enorme por estar conviviendo con otra persona.

Para los niños, imaginad, al final son personas que no han elegido y no podemos forzarlos a tener una relación en concreto. Más que el de padre e hija, madre e hijo. Y el resto como relaciones de respeto y co-autoridad. Y que esa «segunda autoridad» va a ir cambiando dependiendo del lugar y del momento, porque «no es tu padre/madre».

Yo considero fundamental apoyar a mi pareja y que compartamos el tiempo con los niños. Cada uno en su papel y en un ambiente distendido de respeto mutuo. Pero yo no crío a su hija. Él no cría a mi hijo. Ninguno estamos dispuestos, y tenemos ese límite, a criar al hijo del otro. Aunque tenemos que estar dispuestos a negociar con los recursos de tiempo, espacio o dinero que se destina a los miembros de la familia.

En mi caso, yo no siempre acompaño, ni estoy en determinados lugares en los que he elegido no estar. Y se respeta mi límite.

Mi marido ha elegido qué va a tratar de ayudar en cuestiones de estudio con mi hijo. Y yo por ejemplo he optado por encargarme de elegir la ropa de los niños por las mañanas, dado que tengo el mejor criterio estético. También me encargo de las comidas, y él de las lavadoras.

Pero en mi caso, yo aporto un hijo a la relación. No sé si hubiera sido tan generosa con mis obligaciones sin no tuviera un hijo, es la realidad. Es muy probable que hubiera considerado que él tenía que llevar más carga no compartida, si yo aportaba hijos a la relación. Y me hubiera quedado en casaen lugar de ir a temas infantiles si no me apetecía. En mi caso yo soy una persona que valoro mucho mi tiempo y desde luego no soy alguien que se preste a asumir las responsabilidades de otras personas.

Muchas mujeres directamente optan por no tener relaciones con hombres con carga familiar y lo respeto. En mi caso yo sí me atreví a hacerlo pero tengo muy claros los límites que establezco en mi caso, porque los he madurado. Entiendo que cada persona establece su convivencia como más les conviene. Pero les animo, igual que a los matrimonios tradicionales, a hacer una revisión acerca de la carga de la responsabilidad de cada cual, y a ver si realmente se está consiguiendo una convivencia equilibrada y armónica donde se aporte correspondientemente por cada cual.

Cuesta poner límites cuando se trata de dar y de recibir, cuando estás enamorada y tu marido es alguien maravilloso y lo quieres con locura. Pero es un ejercicio fundamental de empoderamiento y autonomía, para que en unos años podamos sentir que hemos dado lo mejor de nosotros, pero no todo. Que hemos dejado tiempo, energía y espacio suficiente para nosotras mismas, nuestro crecimiento y nuestros sueños. Y no sentir que hemos estado soportando una carga y una responsabilidad que no nos correspondía y que nos hizo dar demasiado.

Yo siento que estoy siendo coherente conmigo misma y que vivo de manera muy equilibrada mi pareja y mi familia. Llegar a este punto es un proceso de toma de consciencia, análisis y decisiones. No se hace de un día a otro, el periodo de adaptación es de varios años. Y llega a base de alegrías y decepciones, pero es imprescindible el camino para vivir feliz y en armonía con la persona con la que has decidido construir una familia de estas características.

También es algo temporal. Apenas en unos años los niños serán adultos y queremos una relación con ellos que sea buena y estable. Y eso es lo que tratamos de hacer día a día.

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