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La ilusión de la hija vengadora

Los procesos de divorcio y custodias son complicadísimos. Cuanto más cuando estos se afrontan desde el egocentrismo del adulto, uno de los progenitores o ambos.

Dentro de los millones de conflictos que pueden surgir en relación a los progenitores con respecto a sus hijos está el del hijo o la hija vengadora. He titulado este artículo «hija vengadora» por hacer un poco de lenguaje inclusivo, pero lo cierto es que pude darse con cualquier niño o niña.

En este caso uno de los progenitores separados, o ambos, viven la infancia de que sus hijos actúen como vengadores en el futuro. Condicionándolos en muchos casos para que se revelen hacia el otro progenitor. Yo estoy habituada a ver este tipo de expresiones:

  • «Ya verás cuando sea mayor cómo se da cuenta como es su padre/madre»
  • «Cuando crezca verás cómo decide no volver a casa del padre/madre»
  • «Verás cuando crezca le pondrá las cosas claras a su padre/madre»
  • «Cuando sea mayor le echará en cara que no lo llevara a clase de tenis/fútbol/piano/ponaquíloquequieras»
  • «Le deja hacer lo que le de la gana, verás cómo se vuelve un dictador»

Lo cierto que este sesgo cognitivo de la «bola de cristal» no es más que un pensamiento mágico. Que quedaría ahí.

Pero en realidad no suele quedar ahí. Se ve reflejado muy frecuentemente en forma de condicionamiento hacia los hijos, que actúa a veces en forma de «profecía autocomplida» y otras veces acaba siendo el motivo de la mala relación con el padre que sufre de esa ilusión y lo manifiesta de manera continua con los hijos.

En no pocas ocasiones, los hijos de padres separados, y ahora me sitúo yo en ese rol que viví en el momento, en que nos dan relatos contradictorios «tu padre es estupendo», «no riñas con tu padre» y en otras muchas ocasiones son «tu padre no quiere recogerte» «tu padre no hace lo suficiente para que tengas una buena vida», «tu padre no te lleva a natación/guitarra/piano»… «Pero no te preocupes que a los doce podrás elegir», «tienes que decirle a tu padre qué…», «tienes que enfrentarte a tu padre para …»

Y así es como los niños se encuentran en tantas ocasiones con una disfunción familiar que luego es muy difícil resolver, pero que no siempre acaba en la ruptura de la relación. Pasa el tiempo y acabas entendiendo los dos papeles.

Por lo que puedo observar en este tipo de relaciones, al final se acaba haciendo un balance entre las emociones positivas y negativas que cada progenitor te hace sentir con respecto a todo.

Al final nos pasa en la vida que con quien a los adultos nos apetece pasar el tiempo es con personas que nos proporcionen emociones positivas. Y no tanto con los que nos generan emociones negativas.

Y a veces en las relaciones con los hijos perdemos la perspectiva de que vamos a ser más tiempo padres y madres de adultos, que de niños. Que la infancia en realidad es una etapa muy pequeña, y que durante años seremos los padres de unos adultos que tenemos que intentar que sean lo más sanos y felices posible.

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