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Un hijo común, en una familia con hijos de anteriores parejas. Fenómeno del niño de sustitución.

Tener una familia reconstituida es una tarea difícil. Más aún cuando dentro de esa familia, los hijos están en mitad de los famosos conflictos del lealtades.

Quiero empezar diciendo que un conflicto de lealtades se da mucho en los hijos de los padres separados, pero también en familias con los conyugues en el mismo domicilio, pero que viven en un ambiente disfuncional. En el caso de los padres separados, los conflictos de lealtades se generan porque uno de los padres o ambos, presiona para que se posicione con ellos. Lo hacen de manera consciente o no, y puede que los niños lo perciban claramente o no. Puede que se haga a través de la manipulación o el chataje o uno de los miembros de la pareja tenga una personalidad controladora, autoritaria o autocentrada.

Se podría escribir horas durante el conflicto de lealtades, que todos los hijos de padres separados, sufren (sufrimos) en algún momento, o siempre.

Pero quiero hablar hoy sobre los nuevos hijos comunes en parejas con hijos anteriores, y cómo en muchos casos estos hijos vienen a funcionar con el rol de «niño de sustitución».

Cuando estamos en una familia, donde hay niños de anteriores parejas con problemas como los conflictos de lealtades, la crianza puede ser agotadora. Hay una desorganización del apego en muchos casos, que generen una complicadas relaciones con los miembros de una unidad familiar. A menudo generando confusión. Un apego desorganizado es complicadísimo de vivir desde el punto de vista de la crianza, ya que suelen comportarse de una manera imprevista a la hora de los cambios de custodia, en los días de vuelta.

Si me lees y has pasado por una separación, sabrás cuando vuelven de estar en casa de otro progenitor hay veces que tienen unos días más complicados. Y a veces también tienen emociones contradictorias al irse, lo mismo están deseando irse, que pasan temporadas que no les apetece, que de repente vuelve a querer irse. O que está tan feliz, y se enfadan por cualquier cosa, y piden irse. Estos patrones extraños se corresponden a una desorganización del apego, muy común del conflicto de lealtades. Y muy difícil de intervenir o mejorar.

Sin embargo, cuando nace un nuevo hermano, de repente te encuentras con un hijo con unos patrones normales. Te quiere igual todo el tiempo. Quiere estar todo el tiempo. Y en contraposición a todo lo anterior, la crianza transcurre absolutamente tranquila y feliz.

Cuentas además con que de repente, no tienes un ex criticando cada cosa que haces. Nadie se queja si un día lleva una ropa más bonita, más fea, no eres culpable de que un día coma más, coma menos. Nadie te culpa de un resfriado, una gastroenteritis o una picadura de mosquito.

De pronto, la calma y la felicidad y la crianza, vuelve a ser un espacio de paz y felicidad.

Claro… Que solo con ese nuevo hijo.

Y sin darte cuenta, tanto papá como mamá, se vuelcan en la dulce crianza, huyendo de «todo lo demás».

Es más fácil.

Es más bonito.

Compensa más, porque el esfuerzo que haces se ve.

Porque no hay críticas.

Cara a los amigos, ese nuevo hijo casi es perfecto. Es alegre todo el tiempo, el feliz todo el tiempo, quiere estar con su papá y su mamá todo el tiempo.

Y los hijos anteriores, acaban tomando un segundo, tercer o cuarto plano. Son más problemáticos. Un día ven a alguien de la familia y son super cariñosos. Otro día están enfadados y casi les gruñe.

Se crea sin querer ese «hijo de sustitución» que viene a recordarte que eres tan buena madre y tan buen padre, como siempre has sido. Y las consecuencias nefastas de un mal divorcio.

Es un tema duro, que hay que reflexionar. Porque es injusto para los hijos anteriores.

Pero es muy difícil no quedarse embelesada con la crianza dulce de ese «niño de sustitución», en el que también volcamos todas las expectativas que no deberíamos depositar. Le exigimos una perfección injusta para ellos.

Pero está bien que podamos hablar este tema y tenerlo en cuenta cuando nos divorciamos y formamos una nueva familia. Y es importante también que el entorno entienda las dificultades por las que pasan los hijos de padres separados, que a veces están involucrados en años de batallas. En conflictos cronificados que nadie soluciona, y que a nadie interesa. Pocos lo comprenden.

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eva gonzalez y alfonso sanchez
pareja
Eva González Mariscal

Mi marido

A ratos me siento idiota compartiendo sentimientos casi adolescentes, a mis 37 años. Pero es que él es el hombre con el que vivo un amor como ningún otro. No sabría decir si tiene más peso que tengamos personalidades completamentarias, que nuestros objetivos sean comunes o que ya veníamos escaldados

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