#6 Aléjate de las personas que no te convienen

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Es una de las decisiones más complicadas que puedes tomar. Pero dejar atrás a personas que no son buenas para ti duele, pero seguir con ellas te hará sufrir. Lucía Etxebarría las define como personas tóxicas. Pueden que sea tu amigo, tu pareja o un familiar. Y es extremadamente complicado tomar una decisión de ese tipo. Yo la tomé a lo largo de mi vida con varias personas, en lo que definí como un «corte quirúrgico». Un corte sin vuelta atrás en la relación.

Es difícil, lo sé. Y puedo decirte que he experimentado ese corte de dos modos. Por una parte lo he hecho poco a poco, y por otro lo he hecho de manera quirúrgica, sin más, sin contacto posible, sin llamadas, sin email, sin redes sociales. Han dejado de existir en mi vida para siempre. Incluso he bloquedo en el móvil sus llamadas. Es muchísimo menos doloroso y dura menos el sufirmiento en el momento en que llevamos la decisión al extremo. Se dice que «La verdad duele, pero la mentira hace daño». Yo evito el daño, el sufrimiento, pero no puedo evitar al dolor.

Duele, pero se acaba atenuando. Cuando alguien tiene un momento de dolor extremo en su vida le parece que jamás se le pasará, pero las emociones no son permanentes, el dolor, según pasa el tiempo se va transformando y se va haciendo más tenue. Y un día miras atrás y te das cuenta que te duele infinitamente menos que en el momento que tomaste la decisión. Además evitaste el sufrimiento que tenías en unas circunstancias que no estabas cómoda.

No se puede cambiar a la gente. A veces nos sentimos atraidos por el potencial que tiene una persona y pensamos que cambiará en base a una tendencia que nosotros nos creamos. Pensamos que estará cada día más enamorado, que será más tierno, que nos prestará más atención, que dejará de ser tan egocéntrico, que será mejor persona, que nos querrá cada día más. Y no pasa. Lo cierto que es que nuestras expectativas no se cumplen. Y sobre todo, nosotros no podemos cambiar a los demás.

La convivencia con otras personas se basan en una serie de pactos. No se pueden establecer relaciones sin pactos. Y si no puedes cumplir esos pactos o no lo puede cumplir la otra persona involucrada en la relación es imposible la convivencia y en caso de amistades la amistad. Pero a menuda esos pactos no se establecieron nunca. Uno espera del otro algo que nunca le dijo. Puede incluso que a lo largo de la relación las cosas importantes cambiaron.

Esto pasa con amigos, pasa con personas de tu familia y pasa con la pareja en muchas ocasiones. Demasiadas ocasiones. Hay personas que no pactan y otras que están dispuestas a saltarse cualquier pacto posible. Situaciones en que la dominación, la sumisión y la dependencia son «la otra» de la relación.

En el momento en que he tenido que decidir si seguir o no una relación he revisado muchas cosas. La principal es cómo me hacía sentir y si había manera de cambiar la situación, no a la persona. Si esta persona es capaz de aportar su parte al cambio de situación, a través de los pactos necesarios, entonces sigo adelante.

Pero hay veces que no hay pacto posible porque la persona no lo va a aceptar. Ya se que no puedo convivir con personas narcisistas o egocéntricas son personas. No puedo relacionarme de manera normal. No permito que entren en mi vida y si lo hacen establezco una distancia de seguridad. En las ocasiones en que lo hicieron tuve que concluir la relación. Lo mejor de ésto es que he aprendido a identificarlas y a cortar con las relaciones a tiempo. Ahora podría decir que estoy en el momento que puedo sobrellevarlas sin involucrarme con ellas a nivel emocional. Ya es una gran ventaja.

A día de hoy he superado tantas crisis personales como de pareja. Tambien con amigos y familia. Y he tenido un gran apoyo para hacerlo. Hoy puedo decir que soy feliz con mi pareja y con mis amigos. Ni yo ni ellos somos perfectos y hemos aprendido a no ignorar la imperfección sino a poner límites a las mismas. No dejo una relación a la primera de cambio, soy una persona con una gran capacidad para entender a otras personas y a quererlos como son, sin cambiarlos, pero sin que sobrepasen los pocos límites que tengo. Son límites muy definidos, justo ahí donde las cosas comienzan a hacer daño.

También sé que las relaciones no permanecen siempre igual y que hay que aportar en la misma manera que pedimos ser correspondidos. Ni más ni menos que eso.

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