eva gonzalez y alfonso sanchez

Mi marido

A ratos me siento idiota compartiendo sentimientos casi adolescentes, a mis 37 años. Pero es que él es el hombre con el que vivo un amor como ningún otro.

No sabría decir si tiene más peso que tengamos personalidades completamentarias, que nuestros objetivos sean comunes o que ya veníamos escaldados de otras relaciones.

Él me conoció con hijo, y en el peor momento de mi vida. Y en lugar de huir sacó un espejo de debajo de mi cama y lo colgó en mi cuarto de baño, arregló el termo de casa y puso en cajas todo lo que había mal en casa. Los recuerdos que no necesitaba cruzarme, las cosas que me daban alergia, descolgó las cortinas, quitó los libros, sacó los muebles y enseres que acumulaban polvo. Me pasaba el día de alergia en alergia.

Tenía un limonero que no daba limones y un jazmín que no crecía, y se ocupó tan bien de todo que mi limonero lunario siempre está lleno de limones y tenemos que regalarlos. El jazmín me tapa la ventana que daba a la calle y puedo ir como me plazca porque nadie me ve.

También limpió el filtro de los aires acondicionados.

Y me di cuenta que ni yo me había cuidado nunca, ni tampoco se habían parado a pensar cómo hacer que no estuviera siempre enferma, con tos y con medicación permanente.

Mi marido me enseñó a cuidarme. A quitarme de todo lo que me perjudicaba. Y a darme cuenta de lo que era porque ni lo sabía.

Querer es cuidarse. Y no sólo de manera teórica. Sino en la práctica, cuidar de verdad.

No sé, quizás os parezca una tontería, pero esto nos pasa en la vida. No sabemos cuidarnos. Sacar de la vida lo que te sienta mal.

Ahora vivo sin cortinas, ni apenas cojines ni libros, ni figuritas, ni cuadros con fotos, y nada que pueda esconder polvo y pólenes. Ni lámparas con telas. Ni falta que hace.

Y tengo una tomatera de cherries en la ventana de la cocina, enredada en las rejas y cada día que paso, me como el último que se ha puesto colorado. Y están dulces y crujientes.

No sé, la vida con él es más sana que nunca. Tiene cosas dulces y siento que me quita todo lo que me hace daño.

Gracias a él, me siento segura. Y eso me ayuda a ser más generosa y creativa. Y con eso soy más feliz.

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