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Prosperar

Estoy en ese momento de prosperar. En ese que ya lo pasé mal, en pasado, y que empiezo a dilucidar hacia algo mejor.

Hace años para mí prosperar era tener un mejor trabajo, un puesto de más responsabildad, dirigir proyectos, tener un buen coche y una buena casa. Seguramente viajar al extranjero todos los años.

Pero las crisis que tienes en la vida con la familia junto con los hijos te hace cambiar. Ya no te vale el riesgo por la adrenalina ni me lanzo a por proyectos para ver qué pasa. Lo que hago para poder asegurarme pagar la hipoteca y las facturas y empezar de nuevo es volver a los modelos de negocios que están probados.

Ya no quiero una startup deslumbrante. Ni salir como ya hice en las revistas de economía. Ni tampoco que me nombren en todos los blogs por mi diferente visión de los negocios.

Me he retraido con acierto a lo que sé que funciona. A las estructuras de las empresas más básicas dentro de lo que sé. La tecnología, los clientes que confian en empresas y profesionales de años. Menos innovadores, puede, pero asumen también menos riesgo.

A lo que voy. Que prosperar para mí es mucho más conservador. Es dar estabilidad a la familia y un negocio que me hijo, si quiere pueda heredar. Y es que antes los negocios se hacían pensando que los hijos los heredarían y tiene sentido. Porque toda la estructura de personas debe estar hecha para la supervivencia.

Decía Alfonso que mi hijo desde que decidí añadir más rutinas y disciplina en casa es más feliz. Que le saturaba con las opciones. Y es cierto que la libertad es otra cosa que no la infinidad de opciones. Te explico, si a un adulto le das diez opciones, seguramente le generará más ansiedad optimizar el beneficio que con tres. Por no contar lo que duelen las opciones no elegidas.

Para ciertas personas como mi hijo, saber lo que tiene que hacer está bien. Así que he reducido sus elecciones y le he dado un itinerario para sus tardes. El resultado no ha podido ser mejor. Está más centrado y mucho más tranquilo. Necesitaba estructurar sus tardes con menos improvisación.

Prosperar es avanzar de manera progresiva. No es dar el pelotazo. Yo nunca he dado ninguno, pero caídas de golpe sí. Por temas personales además. Así que por mucha preparación que tenga nada me libra de ello.

Dicen que un matrimonio es como una empresa que hay que hacer prosperar. Es difícil hacerla prosperar con un mal «socio».

Yo tengo la suerte con Alfonso de tener una segunda oportunidad de muchas cosas. De volver a ser una familia, volver a ser madre y tener un verdadero equipo enfocado con la misma visión que yo.

He dado muchos cursos a muchísimas mujeres y sé cuantas encuentran la dificultad en su marido. O en su familia cercana. Y cuantas han tenido grandísimos parones económicos y profesionales por culpa de problemas personales. Incluso mujeres que lo han dejado todo para seguir a su marido a un nuevo trabajo y se han visto a la larga divorciadas y sin un duro. Y muchas en lugares que no han elegido y no pueden irse por los hijos.

La vida económica después de un divorcio donde no tienes un trabajo fijo puede ser una tremenda ruína de la que cuesta reponerse. A unas les pilla con hijos pequeños de los que han tenido que hacerse cargo, las despidieron o dejaron sus trabajos. Otras con jornadas reducidas. Excedencias a las que no pueden volver. Y que no puede reincorporarse al mundo laboral porque es absolutamente incompatible con un trabajo normal.

Esto pasa mucho. A mí me pasó con un negocio boyante pero sin capacidad psicológica para mantenerlo a flote. Con una SL de apenas meses de creación después de años de autónoma. Sin derecho a paro, ni ayudas, ni pensión de alimentos.

Hay separaciones tan jodidas que es como si pasara un huracán por tu vida.

El paisaje que dejan ciertas personas a su paso es como cuando pasa un huracán. No deja nada en pie.

Lo peor es la falta de buenos referentes que tenía en ese momento. Y un montón de malos augurios de personas que no creían que fuera posible reponerse de tal devastación.

Se puede ¡claro que se puede!

Yo he tenido suerte, porque debe ser infinitamente más complicado hacerlo sola que acompañada.

Pero lo mejor de que pase un huracán ¿sabes qué es?

QUE APRENDES A CONSTRUIR

Ya no arriesgo. Me da igual deslumbrar a nadie. No necesito impresionar. Ni salir en los suplementos del ABC como emprendedora con potencial.

Tiro de negocios probados. Modelos de negocio sólido que he visto prosperar.

Todo requiere esfuerzo, pero me he vuelto muchísimo más conservadora. Y me va mejor este papel, la verdad.

Quiero volver a hacer negocios como los de antes. Los que se podían heredar, tanto los negocios como los contactos. Los de tú a tú que todo el mundo te conocen. Los del boca a boca. Los de inversión poca y muchísima formación y profesionalidad.

Me exijo más aunque no llegue a todo. Pero he tenido suerte porque han confiado en mí aunque no esté al cien por cien. Y aunque me ponga a cambiar toda una casa para tener una oficina como Dios manda porque lo necesito.

Tan conservadora que he vuelto a sacar el fax, un bote con bolis y mi moleskine.

Tanto que ya los libros de la Universidad los miro como si fueran sólidos y no la propaganda startup que dice «sigue tus sueños» y ya si te estrellas pon una reclamación.

Los negocios ahora son diferentes, pero eso de prosperar se hace de la misma manera. Exiten las redes sociales, pero los negocios se siguen haciendo por confianza como hace años.

La gente se cansó de mirar al que más brilla.

Mi enfoque es máximo. Sé cuales son mis compromisos y con quiénes los he contraído.

Sé cuales son mis prioridades. Y sé porqué la gente me busca y me contrata.

Hago trabajo sucio, como siempre, en el trabajo. Infinidad de trabajo que no luce. Como buena directiva. Como buena técnica también lo hago.

Y desarrollo nuevos negocios tirando de las oportunidades que mi ojo emprendedor está acostumbrado a ver.

Lo único que sigue en mi corazón es eso de ayudar a más mujeres a que prosperen, porque en ello estará mi éxito. En seguir hablando sobre la cultura empresarial de las mujeres.

En la empresa eso de la cultura es igual que en la música o en arte. No se puede ser un «cateto» empresarial. Hay que saber de empresas. Saber hablar de empresas. Saber dirigirse a empresarios. Saber tomar las oportunidades. Saber competir con clase. Saber destacar con ingenio. Saber de otros empresarios y colaborar con ellos. No siempre, a veces no hay que colaborar. La competencia es sana también sin necesidad de colaborar con todos ellos.

Yo hoy me he hecho el firme propósito de prosperar más.

Tengo suerte por todo el camino que ya he andado. Suerte de compañero que ha venido a aparecer en mi vida. Suerte porque este camino ya lo he andado.

Soy una mujer con suerte, dos hijos, un marido y muchos gatos.

 

 

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