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No hay familias perfectas

A raíz de una desilusión en mi ámbito familiar no hace mucho decidí volverme más hacia mí. Durante estos meses he estado haciendo un enorme trabajo personal, que necesitaba muchísimo. Por ejemplo, me he vuelto casi estrictamente racional. He desechado todo lo que había leído en libros y en artículos de Internet que empeoraban mi estabilidad emocinal. He desterrado todos los artículos de psicólogia baratas, y libros pseudopsicológicos que no estaba escrito por ningún psicólogo. Y he vuelto a mi ser esceptico y racional de años atrás.

¿Y sabes cual es el resultado? Que estoy sana como una manzana. Que no me atormentan problemas. Que ya no tengo ese vicio adquirido de pensar que si fallaba sería por mi educación, o porque otras personas me hubieran hecho fallar. Ya no hablo de narcisistas, ni diagnostico situaciones ni personas como otros hacen, en base a tres artículos chorras que sacan de una magacine online de psicología barata. No soy de esas que creen descender de druidas, ni de esas otras que se creen continuas víctimas de todos y de todos, y los diagnostican con la última moda de palabreja psicólogica mal acertada que han leído en Internet.

Dejé de intentar ser perfecta para mis hijos, ni para nadie. Y pensé que ponerme a trabajar a tope, lo mismo no era lo mejor, pero que tampoco iba a ser ningún drama. Que total, ellos ya se buscan los dramas solos. Y quiero que mis hijos vean una madre feliz, realizada y con éxito profesional y empresarial.

Así que con más fuerza aún, y venciendo mis miedos estúpidos a fracasar, me he puesto manos a la obra. Y he vuelto a todo.

Mis hijos no van a ver a esa madre que está tan volcada en ellos. Y tengo la inmensa suerte de tener una familia de verdad que sostiene mis decisiones. Que realmente está, presente, y echando una mano. Y a la que quizás no he valorado como realmente debía.

Se me impone la vida real, y esa persona ambiciosa, optimista y creativa que soy. Y que quiero que mis hijos disfruten. Que no soy perfecta. No estoy tan maternal, en el estricto sentido de la palabra. Pero que creo que puedo aportarles mucho desde este nuevo lugar en que me he situado.

Tengo que agradecer a la vida todo lo que me ha dado. A la sociedad que tanto me ha aportado devolver en forma de profesión todo lo que he tenido suerte de disfrutar, unos conocimientos, una formación y una cultura. Y en eso trabajo y me pierdo las horas y las horas.

Ojalá mis hijos lean esto de mayores y me entiendan, que no perfecta, fue mi mejor solución. Que el trabajo me da lo que por otro lado me resultaba tan complicado que me aportara. Y que confío en que la terapia no les cueste mucho de adultos y en todo caso, yo les pagaré la parte proporcional. 🙂

En serio digo, que pongo el alma en cada proyecto que hago. Y que lo hago porque quiero participar de él, y ¡alguien tendría que hacerlo!

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educación
Eva González Mariscal

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